Joan Dunayer, la autora de Especismo (Speciesism, 2005) y Animal Equality: Language and Liberation (2001) (ambos cuya lectura permanece pendiente de mi parte), habla de dos tipos de especistas: los especistas antiguos y los neoespecistas.
Los especistas antiguos son aquellos que consideran a los animales humanos como superiores a cualquier otro animal y no aceptan la equidad que tienen todos los seres sintientes, desestimando que estos últimos deban tener derechos para proteger sus intereses.
Los neo-especistas son aquellos animales humanos que creen que la diversidad biológica es una pirámide de superioridad ascendente donde los humanos ocupan la cúspide y cualquier no-humano viene más abajo. Así, este tipo de especista le entrega derechos básicos a aquellos seres sintientes que le parecen más semejantes a los humanos en términos morfológicos o cognitivos, o por cualquier otra razón moralmente irrelevante.
Este último tipo de especista está claramente representado por Peter Singer y por las grandes organizaciones corporativas estadounidenses como PETA y la HSUS, ambas de enfoque bienestarista, es decir, organizaciones que buscan regular el trato que se les da a los demás animales y NO abolir su esclavitud (la corriente que busca acabar con la explotación animal y plantea al veganismo como la solución se conoce como abolicionismo).
Con motivo de una reunión que sostuve hace pocos días con otras agrupaciones de defensa animal me vi enfrentado cara a cara con el bienestarismo y pude apreciar mejor que nunca su inmoralidad e ineficacia. En dicha reunión la totalidad de mis interlocutores eran bienestaristas y casi todos pertenecían a agrupaciones que buscan acabar con el maltrato de perros y gatos que deambulan abandonados por las calles, así como también con el cuidado negligente que algunos tutores tienen con sus compañeros no-humanos. Por supuesto, ninguno de ellos es vegano/a ni promueve el veganismo. Es más, al ser interpelados sobre el tema parece que nos les importara. Habían también representantes de una organización internacional de corriente bienestarista.
A todas luces luchar por los demás animales y no ser vegano es un contrasentido. ¿Cómo podría ser coherente estar conciente que los demás animales son explotados por los humanos y aún así estar alimentándote de su muerte y sufrimiento cada día? Estas agrupaciones representan claramente el neo-especismo del que habla Dunayer. Más aún, estas agrupaciones preocupadas de los perros y los gatos, pero no de otros animales demuestran que no han reconocido la equidad entre todos los seres sintientes (obviamente, si no son veganas/os) sino que sólo responden a un lazo emocional que tienen con estas especies animales. Es decir, no es justicia sino compasión y la compasión no es un criterio ético válido.
Por supuesto, no es mi intención atacar a las personas sino rechazar las nociones especistas y las campañas bienestaristas y de educar también. Seguramente, muchas/os de ellas/os no han tenido la oportunidad de plantearse el tema o de instruirse al respecto. Para eso está este blog.























